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Oaxaca en crisis: balaceras y violencia dejan un herido en comunidades triquis

  • Mundo
  • March 7, 2026
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En una de las regiones más olvidadas de Oaxaca, los habitantes de Rancho Juárez, en el municipio de Mazatlán Villa de Flores, viven bajo un asedio que parece no tener fin. Las detonaciones de armas de fuego resuenan día y noche, sumiendo a la comunidad en un clima de terror constante. Los pobladores denuncian que, desde hace semanas, grupos armados han cercado la zona, impidiendo la libre circulación y dejando a familias enteras atrapadas en sus propias casas. “Las balas no paran, vienen de todas direcciones”, relata uno de los afectados, cuya voz refleja el agotamiento y la desesperación de quienes han visto cómo la violencia se ha convertido en parte de su rutina.

Pero el infierno no termina ahí. A pocos kilómetros de distancia, en las comunidades de San Juan Copala y Cieneguilla, un incendio forestal arrasa sin control desde el pasado 3 de marzo, devorando hectáreas de bosque de pino, un ecosistema vital para la región. A pesar de la magnitud del desastre, las autoridades no han enviado brigadistas para sofocar las llamas, dejando a los habitantes a su suerte. “Llevamos más de dos semanas viendo cómo el fuego consume todo a su paso, y nadie hace nada”, lamenta un residente, mientras el humo espeso se eleva sobre las montañas, oscureciendo el cielo y agravando los problemas respiratorios de los vecinos.

La situación se agrava con la reciente aparición de otros dos incendios en la zona triqui. El primero, en la Sabana Copala, y el segundo, en Cruz Chiquita Copala, cerca de Río Metate y Llano Nopal, han extendido el caos ambiental. Estos siniestros, sumados al que ya arrasaba San Juan Copala, pintan un panorama desolador: bosques enteros reducidos a cenizas, fauna desplazada o muerta, y comunidades enteras expuestas a la contaminación del aire. Los testimonios de los afectados coinciden en un punto: la respuesta de las autoridades ha sido nula, como si la vida de quienes habitan estas tierras no mereciera atención.

La región triqui, históricamente marginada, enfrenta ahora una crisis multidimensional. A la violencia armada que ha sitiado a Rancho Juárez se suma la emergencia ambiental, que amenaza con dejar secuelas irreversibles. Mientras tanto, los pobladores se preguntan cuánto más tendrán que esperar para que alguien, en algún nivel de gobierno, tome cartas en el asunto. Por ahora, solo queda el silencio de las autoridades y el eco de las balas mezclándose con el crepitar de las llamas.

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